Por supuesto que es molesto llegar a tu casa después de haber vencido tu arduo día laboral y haber navegado por las "atrancasones". Alistarte para dormir cuando de repente escuchas que se activa un equipo, cual demonio, pretende quitarte el sueño. Ese disco-bar inicia su jornada cuando tu has terminado la tuya...Pero todos estamos libres de hacer lo que nos plazca, siempre y cuando respetemos las leyes de esta nación. Pero y si ese disco-bar se encuentra en un radio lo suficientemente cerca como para no dejarte dormir, ¿sera que no esta respetando las leyes?. Pues si y no... (Como así usted?) Si; porque si el estar escuchando esa música de terceros a todo volumen esta perjudicando tu salud física y mental, y en general el bienestar humano de los residentes. Entonces se considera una forma de contaminación ambiental - audial, según el decreto 68-86. En el capitulo IV afirma que Se considera actividades susceptibles de degradar el ambiente y la salud, los sonidos o ruidos que sobrepasen los límites permisibles cualesquiera que sean las actividades o causas que los originen.
Y aquí regresamos con el "no", ¿cual es ese limite?. Según he conversado con algunos compañeros que tienen la dicha de estar estudiando derecho. Afirman con toda la seguridad de un abogado que SI existe ese limite... sin embargo no pudieron citar su fuente, ni describir en calidad periodística su exacta aplicación. Y esto es lo que en realidad sucede en Guatemala, con el circulo vicioso que mas parece circulo "silencioso" donde nadie hace nada y donde todos saben que no es correcto. La sociedad no dice nada por temor a represalias por parte de los dueños de los locales, las autoridades no hacen nada porque nadie se queja... y si nadie se queja es porque aparte del miedo no saben si es ilegal o no... lo cual a su vez es culpa del organismo (Ejecutivo) responsable de regular el decreto 68-86 al no dar a conocer a la población sus derechos como ciudadanos.
Lo que hace falta para accionar el castigo contra estos locales irrespetuosos es emitir la regla de limite de decibelios -de forma clara- y hacerla publica de manera que la gente pueda conocerla y usarla. Equipar a la policía con sonómetros para que puedan confirmar las denuncias y aplicar castigo, multas o prisión a los responsables. No quiero pensar que es imposible, quizá algún día este tema tenga desvelado al 95% de la población para que el interese debido sea prestado. Y quizá la delincuencia disminuya lo suficiente como para no captar toda la atención de nuestras instituciones encargadas de garantizarnos seguridad. Las cuales tristemente no tienen la capacidad de resolver diferentes problemas al mismo tiempo... por el momento.



